Por: Diógenes Armando Pino Ãvila
A los niños de Colombia a quienes el rÃo les roba su alegrÃa todos los años.
–Abuelo, ¿que pasa si se rompe el muro? –preguntó la nieta, mirando con aprensión el torrentoso rÃo Magdalena.
–Se inunda el pueblo –le dijo el anciano.
--¿Y nos ahogamos? --preguntó inocentemente.
--No. –respondió el viejo --, yo te sacarÃa nadando hacia la parte alta.
--¿Y a los demás niños? --inquirió asustada.
--Sus papás los salvarán. –Dijo con poca convicción.
--¿Qué puedo hacer para que no se inunde el pueblo? –dijo la niña con preocupación
.
El anciano levantó la cabeza, miró el techo de palma del rancho donde vivÃan, observó las telarañas que cubrÃan el caballete, se entretuvo viendo el columpiar divertido de una araña tejedora –tomaba tiempo para responder – sorbió con fruición el poco café que quedaba en la taza, miró en su interior, tratando de desentrañar los designios de rÃo en las figuras caprichosas que formaban los sedimentos del café en la taza vacÃa. Miró la carita morena de su nieta, observó su inocente mirada, y tomó la decisión inaplazable de contarle una historia que no tenÃa, el único camino era, inventarla mientras la contaba. Y comenzó a contarla asÃ:
--“HabÃa un pueblo parecido al nuestro, donde todos sus habitantes eran felices, gobernaba un rey bueno, que querÃa a los niños y por eso hizo un muro de contención que rodeara al poblado, para que el rÃo no lo inundara y los niños no se ahogaran. De ahà en adelante, todos los reyes que llegaban, se preocupaban por reforzar y alzar el muro, para que no se rompiera.
Pero, llegó un rey malo y mentiroso, que el pueblo bautizó, con el nombre de “Mentiroso Noniegaâ€, --lo de “Noniega†, se lo pusieron porque nunca decÃa que no, a todo lo que le pedÃan decÃa que si, pero nunca cumplÃa.
Este rey, no hacÃa nada por la población, ni por sus gentes, tampoco se preocupaba del muro de contención. La gente vivÃa inquieta por esta actitud, y todos los dÃas, los pobladores le clamaban que arreglara y reforzara el muro, y como siempre, el decÃa que si, pero nunca hacÃa nada. Su incompetencia no lo dejaba tomar decisiones, por ello tenÃa en su corte a un consejero, que al igual que él, era también incompetente, y lo mal aconsejaba, los dos se entretenÃan, dilapidando los fondos del pueblo, emborrachándose con sus amigos, los que como rémoras vivÃan a expensas del erario público. Los pobladores insistÃan e insistÃan, pero su clamor no conmovÃa ni al rey “Noniega†ni a su consejero, los cuales se burlaban de los temores de la gente.
Esta situación se prolongó por dos años, hasta que en un invierno, el rÃo aumentó su caudal, más que otros años, poniendo en peligro la población. El agua empezó a desbordar el muro de contención, y la amenaza era tal, que los moradores asustados, acordaron que esa noche, los adultos no durmieran, para que montaran guardia en los sitios crÃticos del muro, con unos enormes silbatos, que harÃan sonar como alarmas, si la situación se salÃa de control.
Esa noche, un niño humilde y bueno llamado Miguel, no quiso tomar los alimentos, y su madre por más que insistió para que comiera no pudo convencerlo, y el niño se acostó con hambre, él secretamente sabÃa, que si se acostaba sin comer, soñarÃa con su Hada Madrina, y en su sueño podÃa pedirle cualquier deseo, y ella se lo cumplirÃa.
Esa noche soñó con su hada Madrina, la cual se le apareció en su sueño, vestida con un traje de cristal reluciente, adornado con luceros y estrellas y caracoles marinos.
--¿Cuál es tu deseo Miguel? –le dijo ella.
--Que mi pueblo no se inunde –respondió inmediatamente el niño.
--Mis poderes no pueden contra las aguas del rÃo, --dijo el hada --no te puedo ayudar. .
--Entonces, dame poder para hacerlo yo! –exclamó Miguel con decisión.
--No puedo –dijo ella -- pero hay una cosa que puedes hacer.
--¿Cuál? –apremió el niño.
El hada se tomó su tiempo, sacó un peine de oro, con incrustaciones de zafiro, alargó el brazo, alcanzó la luna, se miro la cara en ella, como si fuera un espejo, se peinó su dorada cabellera mientras pensaba. Luego dando un suspiro, con voz cómplice, le dijo al oÃdo:
--Todo niño tiene un ángel y cada ángel tiene un arco iris, he ahà la solución.
--No entiendo –dijo Miguel.
--El arco iris bebe agua de los rÃos, --dijo el hada – pÃdele a tu ángel que mande a su arco iris que se tome el agua del rÃo, para que baje el nivel y no inunde al poblado.
-- Gracias, —dijo Miguel lleno de alegrÃa –llamaré a mi ángel, para que éste a su vez, llame a su arco iris y este se tome el agua del rÃo.
Miguel llamó a su ángel de la guarda , y le explicó su plan, el ángel aceptó, y a su vez llamó a su arco iris, y le pidió que tomara la mayor cantidad de agua que pudiera, para que el rÃo no inundara al pueblo. El arco iris se puso en la tarea, tomó y tomó agua, y su cuerpo de colores se empezó a engordar y se puso enorme, pero el agua del rÃo no bajaba su nivel. Entonces, el ángel dijo:
--Pregúntale a tu hada, ¿que podemos hacer?, un solo arco iris, no puede tomarse el agua del rÃo.
Miguel llamó de nuevo a su hada, y le comentó lo que habÃa pasado:
--Hada Madrina, ¿que hago? El arco iris de mi ángel, no puede tomar el agua necesaria, para que el rÃo baje de nivel.
–Haré que todos los niños del pueblo sueñen y vengan a tu sueño, --dijo el hada pensativa --lo demás lo haces tu.
Enseguida, empezaron a llegar niños y niños y más niños, todos los niños del pueblo, hasta reunirse mil niños que soñaban el mismo sueño. Entonces Miguel les dijo:
–Todo niño tiene un ángel, y cada ángel tiene un arco iris, y los arco iris beben agua, ayúdenme a salvar a nuestro pueblo.
--Cómo? –contestaron en coro los mil niños.
--PÃdanle a sus ángeles que traigan sus arco iris y que estos beban al mismo tiempo agua del rÃo, para que el nivel del agua baje y no nos inunde.
Los niños asintieron y llamaron a sus ángeles, le pidieron que trajeran sus arco iris y estos los trajeron. Luego fueron al muro de contención, y los mil arco iris, al mismo tiempo, comenzaron a beber el agua del rÃo, y el rÃo bajó su nivel, por lo cual, el pueblo no se inundó.
Cuentan los niños de ese pueblo, que esa fue la noche más hermosa de sus vidas, pues en una noche, y al mismo tiempo, vieron el cielo adornado con mil arco iris, y la noche era azul, y roja, y verde, y amarilla, y de mil tonalidades, y de mil colores.â€
--¿Y que pasó con el rey “Noniega†? – Dijo la nieta.
--Ah!, --suspiró el abuelo --el rey y su consejero, huyeron para siempre, asustados de ver tanta luz y tantos colores, por que, es que los malos, le huyen a la bondad de Dios.
El abuelo se fue a dormir un poco más tranquilo, sin embargo no comió para poder soñar y llamar a su ángel por si acaso.
San Miguel de las Palmas de Tamalameque
Diciembre 2 de 2005